La ley de Humphrey o el dilema del ciempiés: cuando pensar en una acción la arruina

La ley de Humphrey es un curioso principio en el que se muestra que la atención consciente no siempre trae beneficios. Nació de una reflexión acerca de la forma de caminar de un ciempiés.

La ley de Humphrey, también conocida como el dilema del ciempiés o el problema del ciempiés, es una ley epónima. Esto quiere decir que se planteó taxativamente y se verifica en la práctica, pero no está sustentada por experimentos o estudios concretos que la hayan validado como tal.

El autor de la ley de Humphrey fue un psicólogo llamado George Humphrey. La norma quedó consagrada en su obra The Story of Man’s Mind o La historia de la mente humana, y se plantea de la siguiente manera: “la atención consciente a una tarea realizada normalmente de forma automática puede dificultar su ejecución”.

Así pues, la ley de Humphrey señala que, si una persona ha desarrollado la suficiente habilidad como para hacer algo de forma automática, el solo hecho de detenerse a pensar en ello perjudica la ejecución. ¿Qué tiene que ver esto con un ciempiés? Enseguida lo veremos.

El camino del conocimiento es, en cierto modo, una escalera hacia la inconsciencia. Pero también es una escalera desde la inconsciencia. Es un proceso de Escher”.

-Cibermitanios-



El dilema del ciempiés

Para formular la ley de Humphrey, su autor se inspiró en un poema popular que hablaba de un ciempiés. En principio, y a partir del texto, Humphrey se planteó la siguiente reflexión: “ningún hombre hábil en su profesión necesita una atención constante en el trabajo rutinario. Si la prestara, el trabajo se echaría a perder”.

El poema, o más bien la parte del poema que inspiró la formulación de su ley, dice lo siguiente:

“Un ciempiés paseaba contento

Hasta que un sapo burlón

Le dijo: “Cuéntame, ¿en qué orden mueves tus patas?”

Le llenó de dudas hasta tal punto

Que cayó exhausto en el camino

Sin saber cómo correr”.

Como ves, la reflexión es, cuanto menos, curiosa. Ha sido retomada por varios psicólogos y filósofos que corroboran la validez de la ley de Humphrey. El psicoanalista Theo L. Dorpat, por ejemplo, ha dicho que para un ciempiés puede ser fatal la pregunta “¿qué le pasa a tu trigésimo cuarto pie izquierdo?”

La ley de Humphrey y el pensamiento consciente

En principio, la ley de Humphrey puede parecer contradictoria. ¿Cómo es posible que prestar más atención, y, por lo tanto, aumentar el número de recursos mentales que ponemos en una ejecución termine perjudicando nuestro rendimiento, cuando la intuición nos dice que debería mejorarlo? ¿La conciencia nos ayuda o nos perjudica? ¿Cómo puede suceder esto?

La verdad es que el cerebro humano es un órgano complejo del que todavía nos queda mucho por conocer. Lo cierto es que, en este caso en particular, la reflexión sobre el ciempiés, entre otras, ha permitido que comprendamos mejor la mente humana.

La ley de Humphrey y el dilema del ciempiés se explican porque, llevando la contraria a lo que nos dicta la intuición, las habilidades alcanzan su máxima expresión cuando se tornan inconscientes. Se ha planteado la existencia de una pirámide de habilidades, que sigue este orden:

  • Incompetencia inconsciente. Corresponde al punto en que no se sabe cómo hacer algo y tampoco se sabe que no se sabe.
  • Incompetencia consciente. Hace referencia al punto en que se descubre que no se sabe cómo hacer algo y, por lo mismo, comienza el proceso de aprendizaje.
  • Competencia consciente. Tiene lugar cuando se aprende a hacer algo y somos conscientes de que lo aprendimos.
  • Competencia inconsciente. Es el punto más elevado de la pirámide y lo que podría llamarse “maestría”, es decir, la habilidad para hacer algo sin pensar.

La interrupción

Cuando se ha alcanzado el nivel de competencia inconsciente es cuando aplica la ley de Humphrey. Un ejemplo es la digitación en el teclado de un ordenador. Muchas personas son capaces de hacerlo sin pensar; si se les interrumpe para preguntarles dónde está una letra específica, es posible que duden. Si se les solicita que tecleen exactamente una “p”, por ejemplo, probablemente se disparará su tiempo de respuesta o, incluso, se equivocarán.

En lo alto de la pirámide de nuestros procesos psicológicos también habita la intuición. Esta competencia inconsciente es fruto de una habilidad o un conocimiento ampliamente desarrollado por el que es posible incluso anticipar hechos, sin hacer un razonamiento previo.

De cualquier modo, la interrupción no siempre es negativa ni tampoco en todos los casos perjudica el rendimiento. Cuando algo se ha aprendido de manera incorrecta, hay un punto en que es necesario romper el automatismo y generar el error para reiniciar el proceso y poner en marcha un reaprendizaje.

Edith Sánchez

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