Personas consumistas, ¿cómo son?

El consumo es una actividad corriente en nuestra sociedad. Las grandes empresas ya ponen a nuestra disposición la posibilidad de crear una lista de deseos… Y este es solo uno de los muchos mecanismos que tienen para incentivar la compra.

Los avances en tecnología han permitido que tengamos acceso a un amplio catálogo de productos de forma rápida y sencilla. Productos que facilitan nuestra vida en muchos sentidos, pero también nos invitan a un estilo de consumo irresponsable que dañe nuestra economía y nuestra salud. Por esto, cabe preguntarse: ¿cómo son las personas consumistas?

La mayoría de nosotros lo somos en mayor o menor grado. Parece algo prácticamente inherente al contexto en el que estamos inmersos. No obstante, hay quienes han hecho del consumismo un estilo de vida sin percatarse de las consecuencias negativas que este puede tener.



¿Qué motiva el consumismo?

A lo largo del tiempo se han dado varias definiciones de este concepto; pero, de forma general, podemos definirlo como la tendencia a adquirir productos de forma acumulativa y a comprar bienes y servicios que van más allá de nuestras necesidades. Evidentemente, todos necesitamos vestirnos, o incluso tener un teléfono móvil, pero ¿realmente precisamos comprar tanta ropa o hacernos con el último modelo de smartphone en cuanto sale al mercado?

Lo cierto es que no podemos culpar al individuo por esta tendencia consumista. Y es que hay muchos factores que contribuyen a su aparición:

  • La sociedad de consumo surgió a inicios del siglo XX gracias a la industrialización y al incremento de la producción. Como decíamos, a partir de este momento fue mucho más sencillo tener acceso a multitud de productos de forma rápida y sencilla y esta tendencia ha ido en auge.
  • El constante bombardeo de publicidad al que estamos sometidos nos incita a consumir con independencia de nuestras necesidades reales. Las técnicas de venta y neuromarketing son cada vez más eficientes y, gracias a que estamos permanentemente conectados, la exposición a estos mensajes es prácticamente continua.
  • Existe una fuerte presión social por comprar y consumir bienes y servicios. Se ha ligado la idea de éxito y felicidad a la capacidad de consumo, y esto nos afecta en mayor o menor medida.
  • Actualmente, se ofrecen facilidades de pago, tales como cupones, promociones, préstamos o tarjetas de crédito.
  • Se han establecido ciertas fechas que giran directamente alrededor de la adquisición de bienes y servicios. En momentos del año como las festividades navideñas, el día de los enamorados o el famoso Black Friday, el consumismo se dispara.
  • Muchos de los productos que se generan son de baja calidad y tienen una corta duración (por ejemplo, es lo que sucede con el fast fashion). Esto nos obliga a estar adquiriendo nuevos bienes de forma continua.

¿Cómo son las personas consumistas?

Si tenemos en cuenta este contexto, resulta difícil no dejarse seducir por esta sugestión a comprar y consumir incansablemente. No obstante, hay diferencias individuales y algunas personas son especialmente propensas a caer en estos excesos. Aunque cada caso es diferente, estas son algunas de las cualidades que caracterizan a las personas consumistas:

1. Su identidad va ligada a sus posesiones

Por lo general, las personas consumistas relacionan directamente su valía con sus posesiones. Sienten que son más (exitosos, válidos, importantes…) cuánto más tienen y más adquieren. Por ello pueden tender a “presumir” de sus posesiones y a juzgar a los demás en base al mismo criterio. El ser queda en un segundo plano respecto al tener.

Pero más allá de esto, y de forma más concreta, muchas de estas personas vinculan su identidad con ciertos productos. Y esto es natural, ya que una de las principales estrategias de marketing es asociar una marca con una determinada ideología, valores o estilo de vida. Así, al comprarla sentimos que pasamos a formar parte de ese grupo, nos identificamos con la idea que nos venden. Apple, por ejemplo, es uno de los grandes referentes a este respecto.

2. Tienden a compararse

Dado que le dan una gran importancia al poder adquisitivo o a la cantidad de posesiones, es común que utilicen este criterio para compararse con las personas de su entorno. Sienten que deben poseer todo lo que la sociedad dicta (el mejor smartphone, el mejor vehículo, la ropa más a la moda…) y pueden sentirse frustrados y decaídos al observar que otros tienen algo de lo que ellos carecen.

3. Emplean las compras para regular sus emociones

Esta es una de las características más significativas, y es que recurren a las compras para lidiar con estados de ánimo negativos o incómodos. Así como hay quienes acuden a la comida, al ejercicio compulsivo o al consumo de sustancias, estas personas se sienten mejor al comprar y consumir.

Sin embargo, y como ocurre en el resto de los ejemplos, este bienestar (inducido por la liberación de dopamina y serotonina) es momentáneo. Cuando su efecto termina, puede aparecer un sentimiento de culpa que incrementa el malestar inicial.

4. Son impulsivas

Por último, es común que se trate de personas con una falta de control de los impulsos y con dificultades para planificar, organizar y prever consecuencias. Se mueven en base a la gratificación inmediata y pueden terminar endeudadas o con grandes problemas financieros debido a esta impulsividad.

Las consecuencias que viven las personas consumistas

Un estilo de vida excesivamente consumista no solo afecta a la economía personal, sino también al bienestar mental y emocional. Sobrevalorar las posesiones materiales en relación con nuestro autoconcepto puede indicar que estamos desconectados de quienes somos y de nuestra valía real. Las compras pueden realizarse en un intento de llenar un vacío emocional o de superar una situación interior conflictiva que no sabemos manejar.

En los casos más severos, puede derivar en una auténtica adicción. Por ello, si te has sentido identificado en los puntos anteriores, puede ser un buen momento para comenzar a realizar cambios y buscar ayuda profesional si lo consideras necesario.

Elena Sanz.

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