Siento lástima de mí mismo: ¿qué puedo hacer?
Siento lástima de mí mismo: ¿qué puedo hacer?

Siento lástima de mí mismo: ¿qué puedo hacer?

Sentir lástima de uno mismo puede ser el reflejo de una baja autoestima capaz de producir, en muchos casos, una depresión. Te dejamos algunas claves para romper con esta tendencia.

“Siento lástima de mí mismo, tengo la sensación de que he llegado a un punto en el que toda mi vida es un fracaso y que apenas valgo para nada”. Son muchas las personas que transitan por esta peligrosa espiral de serio desgaste psicológico. En su lado más adverso, la autocompasión  deriva en un recorte constante de valías, el oscurecimiento del ánimo y el autoboicoteo más peligroso.

Si bien es cierto que compadecernos de nosotros mismos es en ocasiones saludable, quienes aplican esa visión más autodestructiva edifican poco a poco la cárcel de un trastorno del estado de ánimo. La depresión, como los trastornos de ansiedad, tienen como sustrato esa devaluación hacia el propio ser.

La raíz de esta autopercepción reside en la baja autoestima, sumada a otras variables, como la desesperanza e incluso la indefensión aprendida. Lo analizamos a continuación.



La autocompasión aparece sobre todo en medio de situaciones altamente estresantes ante los que nos sentimos superados.

¿Por qué siento lástima de mí mismo?

Inseguridad, desesperanza, sensación de que somos un fraude, de que no logramos nada de lo que nos proponemos… Muchos de nosotros podemos vernos en esa misma situación y no saber cómo salir de dicho universo mental. Asimismo, esta percepción no es exclusiva de personalidades débiles, todo lo contrario: a veces estamos tan cansados de ser fuertes que terminamos sintiendo lástima por nosotros mismos.

Por otro lado, hay un hecho importante que señalábamos al inicio: la autocompasión tiene una vertiente positiva y una que no lo es tanto. Trabajos de investigación, como los realizados en la Universidad de California, señalan que ese estado psicológico puede ocasionar un “nudo mental” cuando caemos en una espiral en la que factores como la sensación de soledad, la indefensión y el estrés elevado terminan bloqueando por completo a la persona.

Comprendamos ahora más causas que orquestan esta situación y qué podemos hacer.

Baja autoestima y sentimientos de frustración

Hay épocas en las que intentamos dar siempre lo mejor de nosotros mismos y, sin embargo, nada sale bien. Aunque los malos momentos tal y como vienen se van, hay veces que tenemos la sensación de que la mala suerte nos acompaña. Es más, nos decimos a nosotros mismos que hagamos lo que hagamos todo acaba saliendo del peor modo posible.

En este enfoque se integran tanto la baja autoestima, como la frustración y la propia indefensión psicológica. En caso de manejar lo antes posible estas situaciones, el desgaste mental puede ser inmenso.

¿Qué podemos hacer?

Es momento de cambiar el discurso de la negatividad, del “no sirvo para nada y siento lástima de mí mismo” al “debo empezar a ver las cosas de otro modo”. Para ello, lo más adecuado es dejar de vivir en el pasado, en lo que ya está perdido, en los errores cometidos. Todo ello forma parte del ayer y tú formas parte del presente, del aquí y ahora.

  • Clarifica nuevos objetivos a corto plazo y visualiza un nuevo yo. Piensa en todos esos rasgos psicológicos que te gustaría adquirir y trabaja en ellos: seguridad, alta autoestima, dinamismo, proactividad…
  • Aprende técnicas de resolución de problemas. Es el momento de ganar en autoeficacia y sentir que puedes hacer frente a los pequeños desafíos cotidianos.

Siento lástima de mí mismo (cuando el listón que te pones es demasiado alto)

“Siento lástima de mí mismo porque al final soy más débil de lo que pensaba. Porque me siento superado, porque me duele la soledad y la indiferencia de los demás…”. Así es, otra variable llamativa que orquesta la autocompasión negativa es la que parte de la elevada autoexigencia y la intolerancia a la vulnerabilidad.

Sentimos compasión de nosotros mismos cuando, de pronto, todo lo que habíamos hecho por los demás no se aprecia y aparece el peso de la decepción e incluso la soledad. Este sentimiento también surge con frecuencia en esas personalidades que no se permiten conectar con sus emociones, límites y debilidades.

Cuando al final toman conciencia de su vulnerabilidad, surge ese sentimiento, el de la lástima hacia uno mismo.

¿Qué podemos hacer?

Debemos aprender a manejar las emociones incómodas: la decepción, la falibilidad, la vulnerabilidad… Nadie puede cargar sobre su espalda el peso del mundo y ser la llave que resuelve todo problema propio y ajeno. La vida es a veces injusta, las personas nos fallan y también nosotros tenemos límites y cometemos errores.

Aceptar todas esas dimensiones y abrazar a nuestro ser vulnerable nos permitirá transitar por estas vivencias con mayor aplomo.

“La lástima de uno mismo es uno de los narcóticos no farmacéuticos más destructivos, es adictiva y nos separa a la víctima de la realidad”

-John W. Gardner-

Eventos estresantes concatenados y el neuroticismo

La universidad Martin Luther de Halle-Wittenberg (Alemania) realizó un estudio en el que quedó en evidencia algo interesante. Las personas que dicen aquello de “siento lástima de mí mismo” evidencian una respuesta psicológica desajustada ante eventos altamente estresantes. Es decir, los afrontan de manera poco adecuada.

La pérdida de trabajo, las crisis como las actuales, los problemas familiares y económicos pueden erosionar por completo la visión del “yo”. Asimismo, aparece otro factor según este trabajo: el neuroticismo. Hay personalidades con una mayor tendencia a experimentar emociones de valencia negativa, así como pensamientos irracionales.

¿Qué podemos hacer?

Las personas con con tendencia al neuroticismo sufren en mayor grado estados de ansiedad, preocupación constante, cambios de humor, irritabilidad, ideas autodestructivas… En estas situaciones el apoyo profesional es imprescindible.

Sentir lástima de uno mismo es el inicio de una espiral descendente que puede ponernos en situaciones límite. La terapia cognitivo-conductual orientada a trabajar esas ideas irracionales para transformarlas en enfoques más saludables, es el mejor punto de partida.

Para concluir, algo que debemos tener presente es que todos podemos tener esa percepción en algún momento de nuestra vida. La de que nada nos sale bien y que como tal somos dignos de nuestro autolamento, nuestra compasión y nuestra lástima. Está bien abrazar a nuestro ser más falible, pero solo durante un tiempo. Porque después es necesario levantarlo e infundirle valor, amor infinito y confianza eterna.

 Valeria Sabater

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