¿Cómo nos afecta el rechazo sexual?

¿Qué es lo primero que piensas cuando tu pareja te rechaza y te dice que no le apetece tener sexo? Lo más común es decirnos que ya no nos desea, pero aún hay más efectos. Son los siguientes.

¿Ha vivido alguna vez un rechazo sexual? A veces, ideamos cómo va a ser ese encuentro, fantaseamos con él y damos por sentado que la experiencia será sublime, mágica y satisfactoria. Ahora bien, el hecho de que nuestra pareja nos mire con apatía y desgana comentando que «ahora mejor no» supone sin duda un duro golpe, una decepción e incluso un arañazo para la autoestima.

Duele, es cierto. Porque toda forma de rechazo genera dolor además de un toque de alerta al cerebro que avisa de que algo ocurre. Cuando esa negativa llega desde el plano afectivo y sexual, la inquietud es más profunda y despierta un gran número de sensaciones contrapuestas y emociones afiladas. “¿Ya no me desea?”, “¿es que he hecho algo?”, “¿es que ya no me quiere?”.

Tener pareja supone para muchos asumir que la receptividad siempre está presente y que el deseo es casi como una fuente de combustión que nunca se apaga. Y, sin embargo, ocurre.

A veces no hay ganas. En ocasiones, las preocupaciones de la vida, la rutina u otros factores reducen el deseo. Sin embargo, que esto no ocurra no significa en todos los casos que el amor haya huido para siempre por la ventana…

El rechazo sexual

Si nos preguntamos cómo nos afecta el rechazo sexual, cabe señalar que aún siguen existiendo estereotipos y falsas creencias muy arraigadas en la mentalidad popular. Abundan quienes piensan aquello de que «los hombres siempre tienen ganas, por tanto, nunca van a rechazar una propuesta». Sin embargo, sucede y son muchas las mujeres que obtienen una negativa en algún momento por parte de sus parejas.

También se dice que cuando son ellas quienes evitan el sexo, ellos no se sienten muy dolidos. Se asume en ese inventario general que el sexo para el hombre es únicamente un modo de obtener placer físico. Este razonamiento forma parte de la llamada teoría de la masculinidad, según la cual, la necesidad de sexo por parte de ellos responde solo a meras razones placenteras y pocas veces por conexión emocional con la pareja.

Obviamente asumir esto es poco más que un despropósito. Para los hombres no es solo un pequeño chasco. Al igual que para las mujeres no es una simple decepción, algo que una olvida al cabo del rato con un helado de chocolate y el siguiente capítulo de su serie favorita.

Sentirnos rechazos sexualmente duele física y psicológicamente. Hay efectos, hay secuelas y consecuencias para esa relación afectiva.

No es que mi pareja no «quiera sexo», es que mi pareja «no me desea»

Si nos preguntamos cómo nos afecta el rechazo sexual cabe distinguir en primer lugar dos aspectos. No es lo mismo sufrir ese rechazo de esa pareja con quien llevamos 1, 6 o 20 años que de quien busca solo sexo ocasional. Para entenderlo mejor, nosotros podemos concertar una cita a través de una aplicación con alguien cuyo perfil nos atrae. Sin embargo, al quedar con esa persona la cita no va especialmente bien y somos rechazados.



Nos sentiremos contrariados y molestos. Puede que experimentemos cierta afección. Sin embargo, lo más probable es que al cabo de los días, lo intentemos de nuevo buscando a otra posible pareja en dichas aplicaciones. Por otro lado, si contamos con una pareja estable, el rechazo sexual se vive con otra magnitud, con otra trascendencia.

Tanto en hombres como en mujeres, ese rechazo no se interpreta solo como un «bien, hoy no le apetece sexo, no pasa nada». Lo primero que aparece en nuestra mente es «mi pareja no me desea». Este pensamiento surge tanto en el cerebro masculino como el femenino, porque en ambos géneros el que la persona amada no quiera disfrutar de ese instante de intimidad, se vive con decepción y sorpresa.

El temor a no ser ya objeto de deseo es el la idea más recurrente.

Afecta a la autoestima

No es lo mismo que nos rechacen una vez que varias. El hecho de que nuestra pareja no tenga ganas de sexo en algún momento es algo comprensible. Lo dejamos pasar porque lo podemos entender. El miedo llega cuando ese rechazo se repite en más ocasiones, cuando la frecuencia en que tenemos relaciones sexuales disminuye.

En estos últimos casos, tanto hombres como mujeres experimentan un golpe a su autoestima. Pocos actos son la pura expresión del deseo físico hacia el otro y de la validación del amor y del afecto profundo como el sexo. Si este falla y la otra persona no lo quiere, todo se pone en duda, todo se tambalea en una cuerda floja emocional. Nos sentimos rechazados y todo rechazo es un golpe a la autoestima.

Cambios de humor, altibajos emocionales

El modo en cómo nos afecta el rechazo sexual se traduce casi siempre en una alteración emocional. Lo que nos falta en la cama impacta en la vida diaria. El rechazo genera un vacío persistente por el que se escapa nuestra motivación, seguridad y bienestar.

Es común experimentar cambios de humor, altibajos emocionales, sentir que cada vez tenemos menos paciencia con las cosas… Y todo ello afecta a la relación, sobre todo si el rechazo es continuado.

Estudios como el llevado a cabo en la Universidad de Toronto por parte del doctor James King, por ejemplo, nos demuestran en un estudio que la falta de sexo en una relación es uno de los principales detonantes de las rupturas.

Al fin y al cabo, con este acto no buscamos solo un rato de placer. Es un lenguaje con el que expresar sentimientos, es un pilar con el que sentirnos validados y es, a su vez, un refugio de intimidad entre dos personas. Si falta esto sin que sepamos muy bien por qué razón, casi todo se desmorona.

¿Cómo nos afecta el rechazo sexual? con dolor físico y emocional

El rechazo duele casi tanto como el dolor físico. No lo decimos nosotros, lo avala un estudio llevado a cabo en la Universidad de Michigan por parte del doctor Ethan Kross. El cerebro interpreta este tipo de situaciones del mismo modo que un golpe o una quemadura.

Es decir, la experiencia de recibir una negativa por parte del ser amado, sentir cómo nos rechazan o nos dejan a un lado activa las mismas regiones cerebrales que cuando recibimos un impacto físico. Ello explica por qué tras esas situaciones nos sentimos más cansados, apagados e incluso con molestias en diversas partes del cuerpo.

La forma en cómo nos afecta el rechazo sexual está orquestada por unas emociones intensas. Por tanto, si estamos viviendo ahora mismo esta situación hay algo esencial: saber qué ocurre. La falta de sexo en una pareja se explica por múltiples razones, cuestiones que siempre podemos resolver con confianza y de manera conjunta. La comunicación en estos casos es esencial. Tengámoslo en cuenta.

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater

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