Los millennials abocaron a la industria del porno al «gatillazo» y ahora le suben la libido

«Millennials kill industries» (Los millennials matan industrias). Esta lóbrega frase está en boca de todos al otro lado del charco y hace referencia a los problemas (en absoluto baladíes) a los que se enfrentan las industrias tradicionales para adaptarse a los hábitos de consumo de la Generación del Milenio.

Los millennials gastan su dinero radicalmente diferente a como lo hacían las generaciones precedentes. Y eso pone en un brete no solo a la industria automovilística y al ramo de la moda (entre otros muchos sectores de actividad) sino también al porno.

Otrora, cuando los consumidores compraban DVDs de manera anónima y pagaban religiosamente por su suscripción a webs de contenido pornográfico, la industria del porno se las ingeniaba para sobrevivir.

Los expertos calculan que solo en 2007 se recaudaron en Estados Unidos entre 10.000 y 14.000 millones de dólares mediante la venta de películas pornográficas.

Diez años después este mercado, antaño próspero, ha visto reducido su valor a los 5.000 millones de dólares. Y no porque de repente la gente ya no tenga ganas de contemplar a hombres y a mujeres copulando. Todo lo contrario. Buena parte de los filmes para adultos se ofertan de manera completamente gratuita. Y las películas porno de naturaleza amateur gozan de muchísimo predicamento.

Los millennials no querían ni oír hablar de pagar por el porno (y ahora son los que más pagan por este tipo de contenido)

«Hace algunos años se creía que los millennials matarían la industria», asegura Alex Hawkins, de la web de contenido pornográfico xHamster, en declaraciones a Mashable.

¿Por qué se les endilga a los millennials la etiqueta de asesinos de la industria del porno? Básicamente porque, aunque consumen pornografía con fruición, lo hacen (lo hacían en realidad) sin pagar un céntimo por este tipo de contenido (no está al parecer en su ADN hacerlo).

Sin embargo, parece que la renuencia de la Generación del Milenio a rascarse el bolsillo para acceder a contenido (sea o no para adultos) ha cedido ostensiblemente en los últimos tiempos.

Los jóvenes invierten a manos llenas en películas, series y música (y se gastan incluso el doble que las generaciones precedentes en estos contenidos).

No en vano, la mayor parte de los millennials están abonados a varios servicios de vídeo en streaming simultáneamente.

La predisposición de la Generación del Milenio a pagar para darse atracones de contenidos se está dejando notar también en la industria del porno. Más de la mitad de los abonados premium de xHamster están adscritos, por ejemplo, a la Generación del Milenio, recalca Hawkins.

Y algo similar sucede en Pornhub. El 66% de los usuarios de pago de la famosa plataforma de porno online son millennials. Y los «boomers», que fueron hace algunos años el grupo demográfico más lucrativo para la industria pornográfica, hacen gala de cifras absolutamente residuales en Pornhub.

Parece, por lo tanto, que los millennials, aquellos que supuestamente iban a matar al ramo de la pornografía, han terminado erigiéndose en sus salvadores.

La industria del porno se adapta para complacer a la Generación del Milenio

Es evidente que los productores de contenido para adultos han evolucionado muchísimo (impelidos por los millennials), pero también lo han hecho (y mucho) los intérpretes del cine porno.



Muchas estrellas del porno se abren paso en plataformas «inofensivas» como YouTube o Twitch para atraer nuevos seguidores y llevarlos en último término a las plataformas de pago. Otros actores vinculados a la industria de porno se concentran en su carrera como influencers y se valen de las redes sociales para entablar un contacto más directo y personal con su «followers» (que tienen a veces la oportunidad de conocer en persona a sus ídolos).

«He diseñado mi imagen y mi marca de tal de forma que me dirijo específicamente a los hombres solteros que están entre el final de la veintena y los 35 años», explica la camgirl Jessica Starling en declaraciones a Stern.

Los servicios interactivos de webcam están protegidos específicamente contra la piratería y en ellos la frontera que separa la realidad de la ficción tiende a diluirse. En este tipo de servicios el consumidor no es un mero espectador sino que interactúa de manera directa con quien se pone delante de la cámara. ¿El objetivo? La autenticidad (esa por la que los millennials pagan casi sin rechistar).

También los portales con el foco puesto en el contenido para adultos se han adaptado a los gustos de la Generación del Milenio. «La mayor parte de nuestras iniciativas de marketing tienen la mirada puesta en los millennials», confirma Corey Price, vicepresidente de Pornhub.

La industria del porno, hasta hace no mucho sumida en un eterno «gatillazo», vive ahora en un orgasmo permanente. ¿Lo malo? Que ese orgasmo podría ser finiquitado si, como advierten algunos expertos económicos, se cierne en el horizonte una nueva crisis financiera. Si ello ocurre, es probable que muchos vuelvan a arrojarse en los brazos del contenido porno en su vertiente gratuita (y la Generación del Milenio volverá a ser tildada quizás de asesina de la industria pornográfica).

Vía: Marketing Directo

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