En un sorprendente giro del destino, la pequeña comuna normanda de Thiberville, en el departamento de Eure (Francia), ha recibido una donación de más de 10 millones de euros gracias a un donante que nunca pisó el lugar.
El responsable de este generoso gesto fue Roger Thiberville, un ingeniero meteorólogo de 91 años, fallecido el pasado 23 de agosto de 2024 en Créteil. ¿La razón detrás de esta insólita decisión? Una coincidencia curiosa: el nombre del pueblo y su apellido eran iguales.
Un cambio de rumbo para Thiberville
La pequeña localidad, que cuenta con menos de 2.000 habitantes (1.773 exactamente), verá cómo esta inesperada fortuna transformará su futuro.
El alcalde de Thiberville, Guy Paris, no tardó en expresar su entusiasmo al conocer la noticia: «recibimos una llamada del notario en agosto, informándonos del legado de este señor. Al principio estaba sorprendido, pero cuando supe el valor de los bienes, ¡quedé impactado! Afortunadamente estaba sentado».
«No vamos a gastar todo de inmediato. Gestionaremos este legado con el mismo cuidado con el que manejamos nuestro presupuesto habitual» comentó ilusionado, dejando entrever que la donación permitirá realizar mejoras sustanciales en las infraestructuras y en la calidad de vida del pueblo.
La herencia, que parecía destinada a caer en el olvido, se convertirá en una oportunidad única para el desarrollo económico, cultural y social de esta comunidad normanda.
Una única condición
La decisión de Roger Thiberville no incluía exigencias específicas para el pueblo, aunque el testamento sí manifestaba su deseo de que sus cenizas reposaran en el cementerio local, algo que, obviamente, se le concederá.
En respuesta, además, el ayuntamiento ha anunciado la construcción de una escultura conmemorativa en su honor, reconociendo la generosidad del ingeniero. «Aunque él no exigía nada, le debemos al menos esto», comentó el alcalde.
Una historia de generosidad en un momento de apuro
El legado llega en un momento crucial para el pueblo, que enfrentaba dificultades financieras. Incluso había considerado fusionarse con dos pueblos cercanos, Le Planquay y La Chapelle-Hareng, para aumentar su población y acceder a mayores dotaciones estatales. Sin embargo, con esta nueva entrada económica, Thiberville podrá gestionar sus proyectos de forma independiente.
Aunque Roger Thiberville jamás visitó la localidad, el simple hecho de compartir apellido con el nombre del pueblo dejó una huella emocional que lo llevó a tomar esta peculiar decisión. Su legado recuerda que, a veces, los destinos se cruzan por casualidades que pueden cambiar la vida de otros para siempre.
El dinero será utilizado, en parte, para saldar una deuda bancaria de más de 407.000 euros, acumulada por la construcción de una escuela infantil, la adquisición del edificio de correos y la renovación del techo de un espacio escolar.
Además, permitirá financiar nuevos proyectos, como un campo de fútbol de césped sintético, un parque de bomberos, la modernización del jardín público y la creación de una Maison France Services, un centro que ofrecerá servicios administrativos a los ciudadanos. En Thiberville, la memoria de este generoso hombre será imborrable.
