Hace solo unos años las voces más agoreras hablaban sin prurito alguno del declive (y eventual óbito) del streaming. Por aquel entonces destacadas empresas de este ámbito de actividad (desde Netflix a Spotify) estaban aún encadenadas a los números rojos y la rentabilidad no se vislumbraba en el horizonte.

A día de hoy la mayor parte de las compañías adscritas al universo del streaming han dejado atrás las pérdidas y se han reconciliado con la rentabilidad, esa que otrora era aún una suerte de entelequia. Netflix, sin ir más lejos, concita miradas preñadas de envidia por parte de quienes se desenvuelven en la industria del entretenimiento. Y también rivales de la empresa de Los Gatos como Disney+ y Max han logrado eventualmente desembarazarse de las pérdidas. De manera similar, los títulos de Spotify pegaban la semana pasada un brinco del 13% después que la empresa de origen sueco anunciara a bombo y platillo que en 2024 había sido rentable primera vez en 16 años.

Parece, por lo tanto, que el streaming, ese negocio que hasta hace no mucho arrastraba las pesadas cadenas de las pérdidas, es más rentable que nunca. Esta industria ha tardado más de una década en que la amalgama de los ingresos emanados de las suscripciones y de los ingresos procedentes de la publicidad se trocara eventualmente en beneficios, pero semejante logro, aunque tardío, no deja de resultar meritorio (y es casi a una oda a la paciencia).

A finales de la década de 2010 el futuro no pintaba a bote pronto demasiado halagüeño para Netflix. Y aunque la compañía ya generaba beneficios por aquel entonces, su deuda seguía creciendo de manera imparable. A finales de 2020 la empresa liderada por Greg Peters y Ted Sarandos arrastraba una deuda a largo plazo de 15.000 millones de dólares, una cifra absolutamente ciclópea que contrasta con los beneficios trimestrales de apenas 1.000 millones de dólares que generaba Netflix por aquel entonces, según recoge Fast Company.

El streaming y su transición de Cenicienta a princesa

Un lustro después todos quieren mirarse en el espejo de Netflix, cuyo margen de beneficios está actualmente en un 22% y se embolsó el año pasado unas ganancias de 8.710 millones de dólares. Actualmente el negocio de la empresa de Los Gatos está expandiéndose y solo durante el último trimestre de 2024 la compañía añadió a sus filas una cifra récord de 19 millones de nuevos suscriptores. El crecimiento de Netflix está siendo espoleado paradójicamente por aquello de lo que compañía renegó durante mucho tiempo: la publicidad. Las suscripciones baratas con anuncios son un potentísimo imán a la hora de atraer nuevos usuarios a Netflix.

También «players»más pequeños en el ramo del streaming como Max se están reconciliando con la rentabilidad. En 2023 la subsidiaria de WarnerMedia arrojó por primera vez beneficios y ganó 103 millones de dólares, frente a los 1.200 millones de dólares que se le fueron a la plataforma por el sumidero en 2020.

Por su parte, la división de vídeo en streaming de Disney conquistó la rentabilidad por segundo trimestre consecutivo en el periodo comprendido entre octubre y diciembre de 2024. Solo un par de año antes, en 2022, esta sección arrastraba unas colosales pérdidas de más de 3.000 millones de dólares.

En el club de la rentabilidad ha ingresado asimismo recientemente Spotify, que ha tenido que bregar con cuantiosas pérdidas durante años. Las pérdidas alcanzaron su cota más alta en el seno de la empresa de audio en streaming en el segundo trimestre de 2023, cuando sus números rojos se elevaron a los 256 millones de dólares. Muchos auguraron por aquel entonces que Spotify no lograría salir del pozo, pero en 2024 la compañía se declaró rentable por primera vez en 16 años.

Lastradas por deudas millonarias y dueñas simultáneamente de valores de mercado absolutamente exorbitantes, las empresas del ramo del streaming han sido blanco de la desconfianza de los inversores durante años. ¿Acaso tiene sentido invertir dinero a manos llenas en compañías que tienen invariablemente apostada a su vera la alargada sombra de la deuda?

Hoy en día despiertan dudas similares entre algunos inversores empresas de IA como OpenAI, que perdió 5.000 millones de dólares en 2024. Las compañías de este ámbito de actividad tienen, no obstante, la mirada apalancada en el futuro, y aunque no sean rentables a día de hoy, sí lo serán presumiblemente en los años venideros (como han terminado siéndolo también Netflix y compañía).

Esther Lastra

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