El ejército de EEUU podría verse asolado por un enjambre de drones de China si no se prepara para el combate

En una guerra contra Chinalas fuerzas armadas estadounidenses podrían verse sobrepasadas por una auténtica nube de drones a menos que empiecen a invertir de forma más agresiva en los sistemas necesarios para detenerlos.

Esa es la conclusión a la que ha llegado un nuevo informe, publicado este miércoles por el Center for a New American Security (CNAS), que defiende que, aunque el Pentágono lleva mucho tiempo hablando de la necesidad de apostar por tecnologías antidrones, no le ha dado la prioridad necesaria a dicha cuestión, lo que pondría en riesgo la vulnerabilidad de sus tropas en un posible combate a gran escala.

El Departamento de Defensa —ahora Departamento de Guerra— ha apostado por los drones, los vehículos no tripulados y las defensas contra drones; sin embargo, dichos esfuerzos «se han visto obstaculizados por la insuficiente escala y urgencia», tal y como han argumentado las autoras del informe, Stacie Pettyjohn, directora del programa de defensa del CNAS, y Molly Campbell, asistente de investigación.

Por su parte, China ha estado invirtiendo sus recursos en desarrollar sistemas no tripulados, especialmente pequeños drones de ataque unidireccionales, a la par que ha invertido en el desarrollo de capacidades más avanzadas. En 2024, Pekín encargó un millón de drones de ataque unidireccionales para su entrega en 2026, lo que indica tanto la intención como la capacidad de producir drones en masa a niveles significativos.

«Sin un arsenal considerable de capacidades antirrobots mejoradas sustancialmente, Estados Unidos corre el riesgo de que sus estrategias de combate distribuidas se vean abrumadas por los ataques masivos de drones chinos, llegando así a poder perder una guerra por el control de Taiwán», han expresado Pettyjohn y Campbell en su nuevo informe.

Velocidad y escala insuficientes

El Pentágono ha invertido varios años y miles de millones de euros en programas antidrones, con picos de gasto después de que el ISIS se armase con drones en la década de 2010 y de nuevo durante la guerra de Ucrania. En 2025, tiene previsto gastar unos 7.400 millones de dólares —unos 6.300 millones de euros al tipo de cambio actual— solo en tecnologías antidrones.

Gran parte de ese dinero se ha destinado a armas cinéticas avanzadas que cuestan mucho más por disparo que los drones que pretenden destruir. De hecho, según las investigadoras del CNAS, las batallas de la Marina de EEUU en el Mar Rojo han puesto de manifiesto este desequilibrio.

«Con demasiada frecuencia, las fuerzas estadounidenses utilizan misiles guiados de precisión exquisita que cuestan cientos de miles, si no millones, de dólares cada uno para destruir drones baratos«, apunta el informe de Pettyjohn y Campbell.

Otros sistemas de defensa, como las armas de energía dirigida que utilizan láseres o microondas, a menudo no han dejado de ser prototipos caros que se han estancado en la fase de investigación y desarrollo, en lugar de convertirse en sistemas operativos, aunque algunos sí que se han puesto en marcha.

Los líderes militares de Estados Unidos han reconocido las deficiencias de estas iniciativas. La guerra electrónica se considera fundamental, pero, a principios de este año, el general James Rainey, jefe del Army Futures Command, criticó la lentitud de su adopción e instó a sus socios industriales a dejar de prometer «piezas del rompecabezas» y ofrecer en su lugar soluciones integradas, algo que él denominó «la suma de esas capacidades».

El ritmo de progreso ha sido lento y, hasta ahora, la escala ha sido demasiado limitada. «Aunque se han adquirido un número limitado de sistemas C-UAS en respuesta a estas necesidades operativas urgentes, pocos han entrado en plena producción y se han puesto en marcha a gran escala», tal y como indica el CNAS, refiriéndose a las armas capaces de contrarrestar los sistemas aéreos no tripulados.

Las amplias iniciativas del Pentágono en materia de drones y sistemas antidrones han abordado la integración de la inteligencia artificial y los datos para mejorar las capacidades de combate, la selección de objetivos y la toma de decisiones. El informe del CNAS añade que la IA podría mejorar en gran medida el proceso de ataque a objetivos y también ayudar a las fuerzas estadounidenses a responder a ataques con drones más grandes y complejos, pero eso sigue siendo un trabajo en curso.

Enjambres de drones chinos

El Pentágono se enfrenta a importantes retos mientras se prepara para la posibilidad de un conflicto con China. Si estallase una guerra, el vasto arsenal de drones y misiles de Pekín podría amenazar las bases y fuerzas armadas estadounidenses situadas en el Indo-Pacífico.

La producción en masa es fundamental para la estrategia de China. Domina el mercado de los drones y puede aprovechar la fusión civil-militar entre lo comercial y la defensa.

Además, las fuerzas armadas chinas han aprendido de la guerra de Rusia en Ucrania y han experimentado con drones con visión en primera persona, sistemas de fibra óptica, plataformas de ataque de largo alcance y aviones avanzados de reconocimiento y vigilancia. Estos han tenido un papel más que destacado en los últimos ejercicios militares chinos.

EEUU también está desarrollando estos sistemas, pero China parece llevar la delantera. Según la evaluación llevada a cabo por el Center for a New American Security, es posible que «pronto cuente con la flota de drones más grande y sofisticada del mundo».

En un ejercicio de simulación de guerra realizado por el equipo de defensa del CNAS y detallado en su nuevo informe, China fue capaz de emplear diferentes tipos de drones para mantener los ataques contra las fuerzas armadas estadounidenses, especialmente dentro de la primera cadena de islas, un arco territorial estratégico que se extiende desde Japón hasta Filipinas, pasando por Taiwán.

El ejercicio demostró que Estados Unidos necesitaría mayores reservas de sistemas y sensores antirrobots integrados y en capas para defender a sus fuerzas dispersas. Pettyjohn y Campbell recomiendan invertir en sistemas probados y construir al mismo tiempo una compleja red de defensas activas y pasivas, puesto que ningún arma por sí sola puede hacer frente a toda la gama de amenazas que plantean los robots.

Los mandos estadounidenses también han acogido la idea de hacer frente a los posibles drones chinos con sus propios enjambres. El almirante Samuel Paparo, jefe del Mando Indo-Pacífico de Estados Unidos, aseguró el año pasado que le gustaría poder convertir el estrecho de Taiwán en «un infierno sin tripular», con drones baratos y fiables que pudiesen abrumar a las fuerzas armadas chinas y darle tiempo a EEUU en caso de invasión o bloqueo.

Ramón Armero