Durante el último año, he tenido muchas razones para dejar Instagram: el empeoramiento de mi salud mental, la pérdida de productividad y la adicción a las compras.

Pero un momento en particular me hizo echar el freno.

En marzo, estaba de vacaciones en la India, contemplando el Himalaya. La cima brillaba con un tono de oro rosa, mezcla de luz solar y nieve. En ese momento de serenidad, decidí estropearlo todo.

Cogí mi teléfono para capturar esta vista y publicarla en Instagram. Treinta minutos después, estaba verde de envidia, obsesionada con las fotos de las vacaciones en una isla de una persona en mi feed.

Recuerdo que pensé sobre mí misma: «Qué patética». Esta reflexión me conmocionó tanto que fui a mi teléfono y borré la aplicación Instagram. Como ya lo había hecho antes, sabía que podría volver a descargarla cuando saliera de mi episodio de odio hacia mí misma.

Pero hace más de 150 días que no uso Instagram. No he usado la aplicación ni la versión para navegador.

Los beneficios de eliminar Instagram se fueron sucediendo

Los primeros días de abstinencia fueron difíciles. Aun así, en vacaciones quería publicar historias para gratificarme, pero me contuve. Mientras volaba de vuelta de la India a mi ciudad, Toronto, tenía la esperanza de que la falta de distracción me ayudaría a estar más concentrada en el trabajo. Y vaya si tenía razón.

Al no hacer scroll constantemente en las apps del smartphone durante las pausas de trabajo, ahorraba fácilmente entre 15 y 20 minutos por pausa. Una vez sumados, eran casi dos horas de productividad al día. Para alguien que intenta concentrarse más y hacer crecer su negocio de relaciones públicas, esto fue una bendición.

Y luego vino lo mejor: no tenía FOMO porque no tenía ni idea de lo que hacían los demásLas comparaciones en las redes sociales están vinculadas a una mayor autoconversación negativa y a sentirse peor con uno mismo. Al desconectarme totalmente de Instagram, mi salud mental mejoró porque no pensaba en cómo otra persona estaba superficialmente mejor que yo.

Desde que dejé la aplicación, me siento más segura de mí misma y, a su vez, más feliz y con menos ansiedad.

Pedí a mis amigos que me mandaran más mensajes

Pronto me di cuenta de que ya no tenía acceso a los memes, a enviar corazones en las historias de mis amigos ni a informarme sobre el nuevo restaurante de moda de la ciudad. Me pareció un cambio duro, porque me gusta tener conversaciones solo con memes con algunos amigos, y ¿a quién no le gusta reírse un rato o echar un vistazo a un tutorial? Pero era el precio que tenía que pagar.

Tampoco quería perderme los momentos importantes de mi familia y amigos. Así que les pedí que compartieran fotos de sus viajes o acontecimientos vitales por mensaje de texto, prometiéndoles que yo también lo haría. Todos estuvieron de acuerdo.

Este ejercicio también me ayudó a darme cuenta de que necesitaba nuevas formas de mantenerme en contacto con las personas que me importan, así que empecé a enviarles mensajes de texto y a llamarles más. Llevaba más tiempo que los DM, pero las conversaciones eran más profundas.

Ahora me entretengo con juegos

Sin Instagram, mi teléfono perdió un poco de sentido, especialmente teniendo todas mis aplicaciones de trabajo y texto en mi portátil. No sabía qué hacer con mi tiempo de inactividad. Así que me aficioné a los juegos. Siempre me ha gustado resolver crucigramas y añadí más juegos a mi teléfono, como los de ConnectionsWordle y LinkedIn. En general, tardo menos de 30 minutos en terminarlos, pero ya es un chute de dopamina bastante potente cuando me apetece hacer algo en el teléfono.

He tenido impulsos de volver a descargarme Instagram, sobre todo durante las vacaciones, cuando estoy rodeada de vistas preciosas, atiborrándome de comida instagrameable y haciéndome fotos con mis seres queridos. Pero me contengo porque las ventajas superan con creces esos fugaces instantes de validación e incluso de presunción. Sigo documentando cosas y guardándolas en mi teléfono.

Al principio, sospechaba que la gente que no estaba en contacto conmigo pensaría que no tenía vidaPero he hecho las paces con ello y me siento tranquila porque no tengo que demostrarle nada a nadie. Estar sin Instagram me ha ayudado a sentirme más segura, a ganar toneladas de tiempo para el trabajo y a establecer conexiones más profundas con mis amigos.

Tal vez vuelva algún día, pero por ahora, estos beneficios son más valiosos para mí.

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